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Los diferentes idiomas del cariño

11 Nov

Miró con aquellos ojos que abrían puertas y aventaban cenizas. No hizo falta hablar. Levantó la cabeza suavemente y descubrí que el silencio de unos ojos emite sonidos imprevistos que sólo entiende el corazón. Y cerré las ventanas y mis brazos para que aquel sonido permaneciera para siempre.

Y se quedó allí, impregnando mis ropas y mi piel.

Deslizó su mano firme…, suave, mitad contención, mitad deseo… Dejando libre el cariño dibujado en cada línea de sus dedos. Recorrió mi brazo y mi esperanza. Y la mañana, se llenó de olor a limón, a menta y regaliz.

Y se quedó allí impregnando mis ropas y mi piel.

Sonó como suena el viento en el verano: libre, fuerte, cálida. Sonrió con él la tarde y el camino, el banco y cada árbol. Brilló como nunca aquél punto rojo, y un abrazo de azules envolvió aquella risa.

Y se quedó allí impregnando mis ropas y mi piel.

22 de septiembre de 2003


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Publicado por en 11 noviembre, 2007 en Textos en Prosa

 

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