Si hay después

A Dulce María Loynaz que quiso ser estanque

 

Si hay después, quisiera ser susurro,
acunar como brisa los sueños de inocentes.

Diablillo al oído en los juegos de niños,
provocar sus risas nerviosas y escondidas.

Ser el mar de inmensos sueños juveniles,
atravesar de uno a otro, su aire y sus misterios:
paraísos soñados, envidia de cualquiera
mayor de veinte años. 

Y llegar así al lugar de los deseos,
entreabrir un labio, un cuerpo enamorado
excitar despacio…, hasta el dominio abandono del que ama.

Ser por fin el dulce movimiento de un visillo,
que ni siquiera el aire me atraviese,
y mis sonidos tan solo se adivinen,
mirando a los labios que se aman.

 Y acunar de nuevo suavemente los últimos sueños de quien habla.

15 de agosto de 2002


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