El lienzo y yo (Rosa Jiménez Álvarez)

Estoy encantada de que la primera colaboración de esta etapa de la Web sea de Rosa Jiménez Álvarez. Rosa es una estupenda pintora, mi profesora de dibujo y, sobre todo, mi amiga. Gracias, Rosa por dejarme este poema tan especial.

El lienzo y yo

Apareces blanco ante mis ojos,
cabalgando en un estático caballete.

Quieres que maquille mi historia en tu piel,
para así contársela al mundo, cuando te observen.
Impaciente, tu tela me pide consejo
y yo te digo lo que pienso.

Te peino con trazos sinceros,
dibujando formas que bailan entre tus poros.
Y mientras respiramos juntos vapores de trementina,
acaricio tu cuerpo dejándome llevar por el instinto.

Impregno de óleos tu cutis para hacerte inmortal
y me sincero ante ti.

Desnudo mi alma para vestirte con su ropa
y frunzo volúmenes de luces y sombras sobre tu tejido.
Fundimos miradas mientras te doy todo de mí
y difumino con mis manos los contrastes que quiero borrar de tu rostro.

Te susurro sin hablar, palabras de colores
y te doy las gracias por haberme escuchado
Ahora puedes contar al mundo mi leyenda

Mi historia ahora es tuya.

Rosa Jiménez Álvarez

No te vayas

Quédate al lado del camino de ida y vuelta

por el que viajan mis azules esperanzas.

Beberemos juntos el vinagre y el vino.

Recorreremos juntos la miel y el asfalto.

Mi mano, escondida entre las tuyas,

aprenderá a escuchar sus sonidos en mi espalda.

Quédate en el libro en blanco

que hay en esa estrella,

recordaré su nombre y su pasado,

su luz será el incierto camino de fracasos y risas,

se quedará en mi pelo y en tu boca,

allí donde los pensamientos son futuro.

Quédate en el rincón del corazón

que humedece mi sonrisa.

Quédate en la noche que sigue a la mañana.

Inventaremos días de relojes sin manillas,

veranos en invierno, de horas transparentes.

Quédate ahí, donde tus ojos sólo miren en azul,

y tu boca pueda tan sólo ser reflejo de mi boca.

Quédate…

No te vayas

2003

De azul y verde

Pasos firmes, transparentes.

Interrogante la mirada sueña…

Días de azul y verde

Atrás las mañanas de “porqués”, las tardes de “nada”…

Pasos firmes, transparentes…

Acechan los fantasmas del miedo.

Virus de inseguridad tratan de callar el verdeazul de las emociones.

Limos de culpa cubren la cálida luz de media noche,

y dejan un apestoso rastro en las ropas de días estrenados…

Días de azul y verde se abren camino a dentelladas…

2003

Sabor a incienso

He pisado las hojas sepias que has puesto en el camino.

Se ha llenado de murmullos la mañana. Un gato me saluda…

Es invierno…

Despiertan rojos los arbustos. Y la hierba bebe pequeñas gotas de rocío.

Es invierno…

Tras el cristal, la lluvia amiga: esa que guarda en cada gota un nombre,

una palabra y un “se puede” azul, que deja con cuidado en las aceras.

Es invierno…

Hay bolsillos que lleno y que vacío, que revuelvo y ordeno.

Hay papeles que borro y luego leo y…,

hay lagrimas grises, con sabor a incienso.

Amanece…,

Y descubro un suave olor a musgo oculto entre las sábanas.

Noviembre 2003

Vendrán

Para Alena, aunque se enfade, con mi agradecimiento
por su falta de memoria.

Volarán sobre la pobre realidad que permanece cuando ya no haya nada. Esa nada sin fin que existirá, quizá, más allá del último latido. Como cieno indeleble, ennegreciendo aún más el horror de la ausencia.

Vendrán a confirmar errores y egoísmos. Su sonido quebrará cualquier música que hubiera. Cada nota será un réquiem de dolor, un solitario adiós entre el horror del no ser, y el miedo a descubrir un después infinito.

Sus graznidos se oirán como esas risas que hielan el espacio dejando un humor frío. Se pegaran a las paredes de las calles y casas. Inmovilizarán los corazones de los niños. No habrá posibilidad de una sonrisa.

Ya no habrá azules, ni malvas ni turquesas. No habrá brisas que envuelvan esperanzas. Los “siempres” serán eternamente “nunca más”.

Ellos vendrán y volaran sobre la pobre realidad que seré cuando ya no haya nada.

Septiembre 2003

Fósil

Fósil. Vuelve a caer. Una capa…, otra… y una tercera. Se desmorona con la suavidad del polvo. Llega al suelo sin forma alguna. Imposible adivinar cómo era. Impensable su reconstrucción.

De nuevo, y con la seguridad de que no será esta la última vez, observa como de su cuerpo van desprendiéndose migajas de luz, cada vez más tenues, más pequeñas. Observa, con la esperanza de que en algún lugar aún no dolorido, permanezcan la pasión y las ganas. Y por si acaso, por si aun fuera posible… guiña a la madrugada con la eterna sabiduría de que siempre amanece, o no…

Septiembre 2003