RSS

Archivo de la categoría: Textos en Prosa

Dedicado a los que vimos “La Rosa Púrpura del Cairo”

“Por aquello de que todavía tenemos la resaca de los Óscar …”

Hay veces que es mejor seguir soñando… Mejor interpretar que aburrirse cada mañana ante el espejo.

DEDICADO A LOS QUE VIMOS “LA ROSA PÚRPURA DEL CAIRO

…  Y a esos hombres y mujeres que hacen de sus días una eterna e irrepetible película de las épocas doradas, y a esos que se conforman con vivir un telefilm de serie B.

Siempre había querido ser actriz. De esas inolvidables del inolvidable cine en blanco y negro. Melena ondulada, figura frágil pero sugerente. Glamour impecable, ese que sólo es posible desde la naturalidad que dan unas facciones originales, de las que no necesitan maquillaje alguno para destacar. Así había soñado pasar por la vida, sin casi rozar sus días, pero dejando una huella imborrable en todos los que la conocieron.

Quizá fue no nacer en el momento adecuado. Eso, sin duda, le trajo un sinfín de contrariedades. Nacer en los 50 deja un cierto poso, pero no el suficiente caché… esto ya era un mal comienzo. Lo ideal hubiera sido los 40: posguerra y comienzo de movimientos culturales. Otra mala pasada del destino fue nacer en aquella familia…Lo deseable hubiera sido pertenecer a lo que vulgarmente se conoce por una “casa bien”, status medio alto y con algún artista en la familia. Uno de esos bohemios encantadores, con el desaliño del que sabe que puede ir de punta en blanco en cuanto se lo proponga. No, de esos no hubo ninguno. Sigamos…, una familia “especial” nada convencional, algo más culta que la media y por supuesto, con muchos más recursos que la media. Pero el destino, a veces es así. No atiende a razones, y coloca, sin el menor miramiento, a una romántica y soñadora infatigable, en el primer hueco familiar que pilla. ¡Que descortesía!

Así, desde aquellos 50 de escasos recursos y limitados conocimientos externos, creció entre aquellas empapeladas paredes de medallones rococós o chillones dibujos futuristas… y parqué en “zona noble”. Sobrevivir a eso fue, sin duda, su gran reto. El resultado… todavía está por ver.

Desde MariSol a Lana Turner…

Desde “Zampo y yo” a “Rocco y sus Hermanos”

Desde “Tu a Boston y yo a California” a la “Reina de Africa”

Así …con el miedo de quedarse en “Cine de Barrio” o “Falcon Crest” a pesar de saber que hay una “Odisea del Espacio” y que un “Tercer Hombre” le espera mientras lloran arboles ante sus pasos. A pesar de vestirse alguna vez de suave “Terciopelo Azul”, de acompañar con ojos cuajados de preguntas a “Zazie dans le Metro” y de llorar al lado de un desgarrado “Ladrón de Bicicletas´”. Así hay mañanas que ante el espejo sólo encuentra, muy a su pesar, a “una Muchachita de Valladolid” que juega a descubrir su siempre eterno “Expediente X”.

Anuncios
 
Deja un comentario

Publicado por en 11 marzo, 2014 en Textos en Prosa

 

De nuevo es miércoles…

Los estantes aparecen llenos de libros que, desordenadamente colocados, parecen vivir, convivir más bien, en el paso del tiempo. Los libros son parte de la vida, incluso en muchas ocasiones, volvemos a los libros cuando la vida, nos deja huérfanos de todo menos de historias. Esas historias que, sin serlo, parecen ser nuestras cuando, entre líneas, sufrimos o amamos entre sus letras, colocadas, medidas, Amor en Times New Roman 12, o pasión desenfrenada en Arial 10.

Siempre he sentido un amor especial por los libros usados, esos que ya son amigos que miras y reconoces lo abras por donde lo abras. A veces, he llegado a recordar frases enteras de alguno de ellos sin darme cuenta de que detrás de esas frases no estoy yo, no me las dicen a mi, ni las digo yo. Entonces la envidia se abre paso entre cualquier otro sentimiento. Envidia de esa imaginación portentosa que inventa situaciones extrañas, amores sublimes o maldades maquiavelicas. De eso que yo, casi nunca he podido escribir.

Da igual que tenga o no uno o dos textos en la cartera porque siempre acabo pensando que no me gustan lo suficiente. El proceso no siempre es el mismo, a veces, a lo largo de la semana he visto, oído o hecho algo que, de alguna manera, hace saltar la chispa y la imaginación entra en acción.

Hoy de nuevo, es miércoles los miércoles es el día en el que debo mandar mis textos al editor, y parece que no ha habido chispa, parece que no he oído nada, ni visto nada, ni hecho nada. (¿?) al menos nada que “merezca la pena”, me digo a mi misma. Y me siento mal conmigo misma entre la prisa y la sensación de vacío que me produce pensar que no hay nada, nada que no sea o haya sido el vulgar día a día…

Recorro mis mañanas: autobús, metro, trabajo, compañeros. Recuerdo sus caras, los guiños, las risas de los que estamos más cerca y, de alguna manera, nos decimos sin decir, esas tonterías matinales que nos hacen sentir que el trabajo merece la pena por muy trabajo que sea, por muy tarde que salgamos algunos días. Y sigo pensando y recuerdo que hoy, cosa rara, he visto al padre joven que veo en el metro con su niño. Hoy iba sólo. Y, ya ven que tontería…pero me he preocupado. Mientras le miraba me decía que el y la chica que le acompaña hacen buena pareja, que es precioso verles a los tres juntos, así tan de mañana, siempre sonrientes, como felices.

Y la calle de siempre…en la calle de mi trabajo, vive un vagabundo. No se dónde pero sé que vive allí. Hay días que se que ha podido lavarse y otros no. Hay días que lleva el pelo limpio y cortado. Ha habido días que casi no parecía un vagabundo. Esos días, me atrevo a mirarle de frente y casi a sonreírle. Los otros, esos en que la vida le trata peor, prefiero no mirarle mucho por si siente mal. A veces habla con alguno de nosotros, pero nunca he visto a nadie hablarle. Pienso si me atreveré a hacerlo algún día.

En esa calle hay también otra mucha gente. Me gusta pensar en sus vidas. ¿Qué harán? ¿porqué van tan deprisa? Es curioso pero en esa calle, casi nunca va nadie sólo. Es una calle para ir y venir, nadie pasea, sólo eso, ir y venir en un viaje constante de ida y vuelta, como la vida.

Me doy cuenta de que podría estar horas pensando, escribiendo de todo aquello que he visto a lo largo del día. Es una película o una novela continua en la que hay cientos de protagonistas, unos lo saben y otros no, pero todos lo son. Todos me dicen algo, todos me hablan y de todos aprendo.

Miércoles, 12 de marzo de 2008

 
Deja un comentario

Publicado por en 23 septiembre, 2009 en Textos en Prosa

 

Tras el espejo

Un año más… una temporada más y otra vez el juego repetido de “bajo o subo al trastero a sacar la ropa de invierno” . Otra vez la consabida depresión al comprobar que aquella falda que te encanta tiene serias dificultades para subir la cremallera. Por no hablar del pantalón del que pensaste: “mejor no lo estreno y lo tengo nuevo para el año que viene”. Error, grave error. Eso sólo lleva a que la “depre” post verano sea más “depre” que nunca al comprobar que no sólo has engordado sino que, además, eres tonta por guardar las cosas sin estrenar, esperando “ese” momento especial que… bueno, no siempre llega.

Este año llevaba el mismo camino: trastero lleno, maletas atiborradas y cajas y cajas por revisar hasta que, cansada ya de subir y bajar, me encuentro una carpeta vieja, descolorida, de esas con dos gomas a punto de estallar y empapelar el suelo lleno de trastos. Era la vieja carpeta de mis viejos escritos, esos que he ido dejando en servilletas de bar, cuadernillos de los que encontramos en las mesillas de los hoteles, folios arrugados, etc. etc.

Sin duda, revisar esas hojas escritas con tinta azul turquesa o negra ha sido encontrarme de nuevo con mis fantasmas, temores, sueños violetas y días de grafito y miel.

El dolor y el desencanto. Aquellos olores que me siguen llevando a mi infancia, el amor, la rutina, hombres y mujeres… tanta vida en unos pocos folios.

Me he reencontrado con el espejo mágico, el único que refleja la verdad. Aquella historia empezaba así:

“En un país muy lejano, había un rey que tenía una hija a la que adoraba. La niña creció entre mimos y cuidados. En sus cumpleaños, la niña podía pedir un regalo por extraño que fuese con la seguridad de que siempre iba a tener aquello que pidiera.

Siempre el mismo ritual. El rey escondía algo en su dormitorio. La niña entraba sigilosamente y buscaba y buscaba hasta encontrar el regalo deseado.

Pasaron los años. La niña era ya casi una adolescente y la fecha de su cumpleaños se acercaba. Su padre el Rey, dispuesto a conseguir aquello que su hija le pidiese, le preguntó qué soñaba para ese día.

– Encontrar la felicidad. Eso es lo que quiero que me concedas.

El pobre rey quedó completamente abatido… Pidió consejo a los sabios del lugar pensando que quizá ellos tuvieran una solución a su problema, un conjuro, tal vez, que permitiese a su hija ser feliz para siempre. El más anciano de ellos, un sabio centenario, se acercó al rey y le dijo:

– Tengo el mejor regalo para tu hija. Y sacó de un viejo baúl un espejo roto y algo descascarillado.

El rey, que respetaba a aquel anciano, no quiso desairarle, tomó aquel espejo y lo dejó descuidadamente en un rincón de su habitación. Preocupado y cansado de buscar, el rey quedó profundamente dormido.

Despertó con los agritos alborozados de su hija:

– Es precioso papá… ¡¡me has regalado un espejo mágico!!

¿Encontró mi princesa la felicidad? La historia continúa, aunque, bien pensado, realmente  podría acabar aquí…

Otoño 2008

O cualquier otro otoño

 
Deja un comentario

Publicado por en 23 octubre, 2008 en Textos en Prosa

 

HAY OTROS MUNDOS, PERO ESTÁN EN TI

De un  tiempo a esta parte, me encuentro a mi misma observando mucho más el mundo que me rodea. Pienso que tal vez sea cosa de la edad, o simplemente de las circunstancias. De cualquier forma, me gusta. Observar y quedarse ahí, puede estar bien, pero observar y reflexionar, creo yo, es un paso adelante. Y… si la edad o las circunstancias le hacen a uno, una en este caso, andar por los caminos de la reflexión, bienvenidos sean, la edad y las circunstancias.

Últimamente, viajo a menudo por motivos de trabajo. Es un privilegio, al menos para mí, conocer otras ciudades, otros entornos, otras costumbres, en resumen otras formas de vida o de ver la vida.  Si puedo escoger, viajo en tren. Prefiero viajar a que me desplacen en un “pis pas” a golpe de motor y susto contenido por descubrir si al llegar voy a poder ponerme mi ropa y pintarme con mis potingues o voy a tener que ir corriendo a comprar algún recambio rápido hasta que la compañía de turno encuentre mi maleta.

Como decía, prefiero el tren. Es un lugar magnífico de observación. Atravesar vagones hasta el coche restaurante es un paseo “Express” por la vida. Ya los que diseñan los trenes tienen claro que son muchos menos “los elegidos”,  y las plazas “preferentes” son infinitamente menores que las normales. En mi camino hacía el “café y tostada, por favor” he podido ver de todo. Niños jugando, leyendo, dando la lata al de al lado, jóvenes embebidos en sus consolas de mano como si ésta fuera “Claudia Schiffer“ ejecutivos con sus portátiles, señoras y señores “durmiéndose” tan ricamente la película, etc. y siempre me hago la misma reflexión: todos, parece al menos, (ya sé que en muchas ocasiones la procesión va por dentro), todos, los de preferente, igual que los de turista están disfrutando de algo que les hace sentirse protagonistas de ese momento, de ese viaje. Unos disfrutan del silencio y atenciones, otros de la compañía de su amigo, pareja, hijos, o en solitario, buscan ese momento mágico en el que uno se inventa y reinventa su vida como un viaje que uno puede o quiere construir. Y café en mano, entre vaivenes que trato de controlar para evitar la mancha de turno, me doy cuenta de que la aventura está, en descubrir en cada uno, como decía sabiamente Paúl Elouard: “Hay otros mundos, pero están en este”.

 
Deja un comentario

Publicado por en 9 agosto, 2008 en Textos en Prosa

 

Sabina, Madrid y yo

Sabina, Madrid y yo (con su permiso…)

Le canta Sabina a Madrid a mis espaldas, su ronquera amasada en noches de calles prohibidas rellena el aire libre que rodea los pocos muebles que representan mi otra vida. Su voz se instala en el estómago, sube hasta la garganta, dispara mis pies y brilla en mis ojos.

Descubro en su voz y en la cadencia de sus notas un erotismo agazapado que libera esa parte de mí aún por descubrir. Esa que me dice que soy mucho mas lo que deseo ser que lo que de verdad soy. Y la mañana pasa como la vida, en pijama y todo por hacer.

Junio 2008

 
Deja un comentario

Publicado por en 26 julio, 2008 en Textos en Prosa

 

Viento sobre el mar

El cielo era como una capa de cemento que se empeñaba en teñir todo el lugar. Nunca había estado en invierno, en un pueblito de esos tipicos de vacaciones que tanto tenemos en España. Me costaba imaginarme aquellas, calles completamente vacías y grises, llenas de pantalones floreados, y sufridos padres cargados sombrilla al hombro. Lo que más me llamó la atención fue  la ausencia de ruido. Un silencio casi tan gris como el cielo se había apoderado del lugar haciéndole un tanto desapacible. Pensé que  cuando se crean espacios para algo concreto, cuando es el hombre el que destina un lugar para una determinada actividad es muy difícil que ese lugar, ese espacio resulte atractivo.

Anduve por aquellas calles. Había preguntado y sabía que mi destino no estaba demasiado lejos, así que preferí caminar por aquél lugar vacío silencioso. Empezó un viento que casi era un vendaval. Pasados unos 100 metros comencé a oir el silbido del aire y un ruido especial que le acompañaba. Giré por la primera calle a la derecha y ante mi, conquistándome para siempre, apareció aquella playa vacía, donde las olas iban y venían libremente, sin temor a nadie que las molestara. Rompian unas con otras, chocaban contra el pequeño malecón que conformaba el minipuerto deportivo. Algunas embarcaciones se balanceaban en un baile cerrado con aquel viento que silbaba sin parar.

Y una vez más, la naturaleza pudo más que cualquier obra creada por el hombre. El mar, el aire, el cielo infinitamente gris fueron uno y fue un verdadero placer sentirme parte de la naturaleza en su estado mas puro.

 
4 comentarios

Publicado por en 7 julio, 2008 en Textos en Prosa

 

DESTINO

DESTINO

 

Sé que estas ahí. La certeza convive entre las horas. Se apodera y cubre la mañana. Humedades de fríos y grafitos. La sonrisa asustada permanece quieta, simula dormir entre mis labios. Mi estómago vacío como respuesta a mil preguntas, me confirma tu presencia. Antes o después. Espera de incógnitas temidas. El tiempo se cierra en un baile de círculos sin fin. Siempres.

 

Mientras deseos e ilusiones amasan esperanzas, la lluvia suaviza el perfil de la palabra Destino…

 

 

5 de febrero de 2003

 

 

 
2 comentarios

Publicado por en 22 junio, 2008 en Textos en Prosa